El sábado pasado estuvimos de boda. Teresa y yo solitos, como cuando éramos novios. Hace unos meses tuvimos otra y en un alarde de inconsciencia digna de figurar en los primeros puestos del ránking de los '1500 errores más frecuentes cometidos por padres primerizos' decidimos llevar al bonsay con nosotros.

El resultado: Diego convertido ora en Gremlin malo, ora en cantante de música contemporánea. Establecimiento de turnos para comer. Más turnos para pasearlo e intentar dormirlo. Sudores frios, sonrisillas nerviosas a diestro y siniestro (invitados murmurando y diciéndonos con la mirada: cuánto os queda por aprender...) y sentimientos indignos de un ser humano civilizado, (entre los que podríamos enumerar, odio, rencor, amargura y deseos de destrucción en general), hacia un comensal armado con un artilugio que al principio de la noche hubiéramos podido llamar 'bocina' a secas , pero que a medida que avanzaba la noche terminamos bautizando con el nombre mucho más adecuado de 'bocina infernal del averno'. Y es que cada vez que el aparatito sonaba -y lo hizo muuuucho a lo largo de la noche-, nuestro pequeño saltamontes se activaba como si le hubieran metido Red Bull en vena.

Lo sé, lo sé. Nadie más que nosotros tuvo la culpa. Fuimos unos inconscientes. Pero eso no nos pasará más, porque tras esa experiencia tan aleccionadora -siempre positivo, nunca negativo- nos juramos que, hasta bien entrada la pubertad, no volveríamos a llevarlo a eventos que se alargaran más allá de las doce de la noche. Los niños -y esto lo digo completamente en serio- no tienen por qué padecer innecesariamente.

Así que por todos los motivos expuestos, Diego se quedó a dormir -por primera vez- toda la noche en casa de sus abuelos...

a comic strip!

NOTA: me duelen los ojos cada vez que veo los acentos que faltan, y esas interrogaciones a medio hacer, pero como los señoritos de Pikistrips son anglosajones pues no hay forma de hacerlos aparecer...